Hoy te escribo a ti y me escribo a mi también.
Empezaré hablándonos de una pregunta que siempre ha rondado mi cabeza. ¿Por qué nos cuesta tanto poner límites y distancia? ¿Por qué, aun sabiendo que algo es dañino para nuestro estado emocional, lo seguimos aceptando?
Las relaciones humanas son increíblemente importantes para nosotros, ya que juegan un papel fundamental en nuestra salud emocional. A menudo nos vemos enfrentados a situaciones en las que sabemos que una relación no es sana, pero nos resulta muy difícil alejarnos. La complejidad de nuestras emociones nos lleva a aferrarnos a estas relaciones tóxicas, incluso cuando reconocemos claramente que nos están haciendo daño. El miedo a la soledad, el deseo de revivir buenos momentos pasados, la culpa y la sensación de responsabilidad pueden convertirse en obstáculos significativos para romper con estas relaciones, lo que resulta en un bucle emocionalmente agotador.
La familia es sin duda, un tema delicado que nos rodea. Tanto la pareja como la familia representan vínculos profundos y lazos emocionales muy fuertes, que nos hacen sentir seguros y amados, incluso cuando la realidad puede ser diferente. Desprenderse de esas conexiones a veces nos puede hacer sentir como si arrancáramos una parte de nosotros mismos.
Si ya es difícil romper con la pareja por motivos como los hijos, los amigos y todo lo que rodea a nuestro día a día, se vuelve aún más difícil cuestionar la relación con nuestros propios padres o hermanos. Es comprensible preguntarse si es posible establecer límites y distancia en estas relaciones. Con frecuencia, estas decisiones se ven influenciadas por las normas sociales, el sentimiento de responsabilidad y el temor al qué dirán. Por lo tanto, ¿Cómo podemos afrontar estas situaciones que parecen estar rodeadas de tabúes y expectativas?
Pues he llegado a varias conclusiones:
Comencemos por entender nuestras propias necesidades, valores y límites. ¿Qué nos hace sentir incómodos o agotados en una relación, sea del indole que sea? Una vez tengamos eso claro expresemos nuestros limites de manera directa pero amable.
Aprendamos a decir NO. A mi personalmente me cuesta, pero estoy entendiendo que eso no nos hace egoístas. Es una forma de cuidarnos. Tenemos que practicarlo sin sentirnos culpables.
Tenemos que priorizar nuestro bienestar: No sentirnos obligados a complacer a todos. Si algo afecta negativamente nuestra salud mental o emocional, hay que poner limites o distancia.
Si notamos que alguien constantemente cruza nuestros límites, establezcamos consecuencias claras. Por ejemplo, “Si sigues llegando tarde, no podré esperarte”.
SI NADA DE LO ANTERIOR DA RESULTADO, ES IMPORTANTE APRENDER A DEJAR IR.
Adiós papa, adiós mama, adiós herma/o, adiós cariño, adiós amigo/a
Así que, querido tú y yo, no debemos tener miedo de decir adiós cuando sea necesario. No somos malos por cuidar de nosotros mismos. A veces, separarse es la única forma de encontrar la paz y la felicidad que merecemos. Al principio nos dolerá, pero debemos recordar que nuestra mayor obligación es con nosotros mismos. Es un duelo que tendremos que enfrentar, y el hecho de que sean nuestros padres, hermanos o pareja no tiene por qué convertirse en un tabú cuando se trata de velar por nuestro bienestar. 🌟💙
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