Ser madre es una de las responsabilidades más grandes que podemos asumir en nuestra vida. Aunque a menudo se romantiza la maternidad, la realidad es que no siempre es fácil. En ocasiones, nos sentimos frustradas, impotentes y abrumadas por la responsabilidad de criar a nuestros hijos. Pero aquí está la verdad: no existe tal cosa como una mala madre por lo general, más bien madres que estamos aprendiendo.
Por si os lo preguntáis, también soy madre de un niño de 15 años y otro de 5 años. Decir que es un paseo entre rosas no es cierto. Tiene muchas cosas buenas, pero también muchas que no lo son tanto, ya que nadie nos prepara para esta responsabilidad y no venimos con libro de instrucciones. Siendo sincera, nunca pensé que sería madre. No era algo que tuviera idealizado ni planeado, pero sorprendentemente la vida me regaló a uno de mis grandes amores, mi hijo mayor. En un primer momento fue todo un shock: dudas, miedos, inseguridades… Tuve un embarazo de alto riesgo, reposo en cama casi todo el embarazo, urgencias cada semana por riesgo de aborto y un sinfín de problemas más. El día que nació yo ya estaba agotada, se adelantó el parto y fueron más de 18 horas donde estuve a punto de perderlo en el último momento. Al final, todo salió bien dentro de lo que cabe. Era muy pequeño, prematuro, pero un angelito y estaba bien, pero yo no. La gente no suele hablar de eso, a mí no me apetecía cogerlo, estaba cansada y me sentía rara, aunque por otro lado llena de emoción.
Cuando salimos del hospital unos días después, yo con más de 30 puntos porque tuvieron que sacarlo con fórceps, llegamos a casa y me parecía raro que mi hijo no hiciera pipí. Pasaron las horas y decidimos ir al hospital. Esta fue una de las experiencias que recuerdo con más dolor en mi reciente maternidad.
Como os he dicho antes, yo tenía muchos puntos y apenas podía caminar por el dolor, pero estaba preocupada y el mismo día del alta volvimos al hospital. Lo primero que hicieron fue revisarlo por si lo había agredido, me hicieron miles de preguntas y me sentí la peor madre del mundo. Cuando dijeron que estaba todo bien, simplemente que al solo comer calostro era normal que no hiciera tanto pipí, nos dieron el alta. Pero yo ya no quería cogerlo en brazos, lloré como nunca y mira que os puedo asegurar que en mi vida han pasado cosas graves y mucho, pero en aquel momento yo no quería ser madre por el miedo. Se lo di a mi marido (en aquel entonces no estábamos casados y le dije que no podía). Que debía de ser muy mala cuando me trataron así en el hospital. Él y mi familia me repetían una y otra vez que una mala madre no acude al hospital el mismo día que le dan el alta solo porque su hijo no hace pipí, pero me costó varias semanas entenderlo.
Con mi hijo mayor hemos pasado por ingresos, idas y venidas continuas al hospital a lo largo de su vida. Él tuvo retraso ponderal y todavía padece de muchas intolerancias. Sin embargo, él ha sido mi mayor razón para seguir adelante. Hemos aprendido juntos y nos queremos muchísimo, pero debo decir que no ha sido fácil. No quiero romantizar la situación, porque hemos llorado, reído, e incluso ha habido momentos en los que sentimos que no podíamos más. Cuando él no tenía ni un año, tuve un accidente laboral y, por miedo al qué dirán, no denuncié a la empresa. A raíz de eso, descubrí que tengo muchas enfermedades degenerativas, lo que ha resultado en mi movilidad reducida hasta el día de hoy. A pesar del dolor y los miedos, he estado, estoy, y estaré aquí, aprendiendo, porque él es uno de mis mayores amores.
Hace 5 años, la vida me sorprendió con otro regalo: mi hijo pequeño. A pesar de que el embarazo implicaba riesgos, experimenté esta etapa de manera distinta, ya que era mi segundo embarazo. Mi hijo mayor, su padre y toda la familia estaban emocionados y expectantes. El día de su nacimiento también surgió una serie de complicaciones, y apenas logro describir la situación, pero el momento en que desperté en la habitación y lo tuve en mis brazos fue realmente hermoso.
Se llevan casi 10 años, así que era como volver a la escuela, pero esta vez para padres. Resulta que las «mejores prácticas» de los pediatras con mi primer hijo ¡ahora son tan diferentes con el segundo! Parece que toca estudiar de nuevo para el «examen de crianza 2.0».
El grande irradia nobleza, inteligencia y responsabilidad, aunque a veces su juventud se manifieste con cierto pavo 😜. Por otro lado, el pequeño es completamente distinto: reservado, inquieto en casa y propenso a enfadarse con facilidad, pero a la vez, posee una cualidad cariñosa y un sentido del humor increíble.❤️
Como puedes ver, están pasando por etapas diferentes, lo cual puede resultar como una montaña rusa. Por eso siempre enfatizo que hay días buenos, días malos, momentos increíbles y otros en los que sientes que no puedes más. Todas somos imperfectas y cometemos errores, pero eso no nos convierte en malas madres.
La comparación con otras madres puede ser perjudicial. En lugar de medirnos por estándares externos, debemos centrarnos en nuestro propio proceso de crianza y en hacer lo mejor que podamos. Aprender de nuestros errores es fundamental. En lugar de culparnos, preguntémonos qué podríamos haber hecho de manera diferente y cómo evitar cometer el mismo error en el futuro.👌
La maternidad puede ser una experiencia muy solitaria, especialmente cuando nos falta el apoyo necesario. No dudes en buscar grupos de apoyo para madres o en hablar con un terapeuta. Recuerda que todas estamos en este viaje juntas, aprendiendo y amando a nuestras familias con todo nuestro corazón.
¿Y bien? ¿Qué piensas? Te invito a realizar este cuestionario.








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