El estereotipo de que las personas con fibromialgia, fatiga crónica y otras enfermedades similares tienen problemas psicológicos o no quieren trabajar.

Me preocupa y me entristece que algunas personas piensen de esa forma, a menudo por desconocimiento o falta de empatía. Incluso en los mismos centros sanitarios, es desafortunado que muchos médicos y médicas no tengan el conocimiento suficiente sobre estas enfermedades, lo que puede dificultar el trato a sus pacientes con la atención y delicadeza que merecen.

En muchos casos, estos pacientes se presentan en las consultas y tienen que escuchar comentarios como: «Esto es de lo tuyo», «Lo que tienes es depresión», «Ya se te pasará», «Descansa unos días»… Pero, ¿Cuántos médicos y médicas realmente se toman el tiempo para empatizar, para estudiar la evolución y los síntomas de sus pacientes? ¿Y qué hay de los familiares y amigos? La mayoría no comprende que un día puedes sentirte bien y, al siguiente, el dolor se vuelve tan intenso que te impide incluso ir al baño por ti mismo.

¿Por qué surgen estos estereotipos?

La fibromialgia y otras enfermedades silenciosas pueden ser difíciles de comprender, ya que a menudo no presentan síntomas visibles. Esta invisibilidad puede llevar a que quienes nos rodean subestimen la seriedad de lo que enfrentamos. Además, la ausencia de pruebas diagnósticas claras puede agravar esta percepción, haciendo que el desafío sea aún más frustrante y solitario para quienes padecen estas condiciones.

La estigmatización de las enfermedades mentales ha sido una realidad dolorosa a lo largo de la historia, y esta situación se extiende a condiciones como la fibromialgia, que frecuentemente son malinterpretadas y vinculadas erróneamente a problemas psicológicos, todo ello derivado de una falta de comprensión médica. Es fundamental fomentar la empatía y el entendimiento hacia quienes padecen estas condiciones, reconociendo sus luchas y desafíos diarios.

Muchas personas carecen de la información adecuada sobre estas enfermedades y pueden pensar que los síntomas son exagerados o incluso inventados. Esta percepción errónea puede dar lugar a la creencia de que quienes las padecen están buscando excusas para no trabajar, lo que resulta doloroso y desalentador para aquellos que están enfrentando retos reales en su salud.

Las personas que viven con fibromialgia, fatiga crónica u otras llamadas enfermedades silenciosas enfrentan grandes desafíos para mantener un horario de trabajo regular, ya que sus síntomas pueden variar de manera inesperada. Es natural que esto sea malinterpretado como una falta de motivación o compromiso, pero es esencial comprender las dificultades que enfrentan día a día y brindarles el apoyo y la empatía que tanto necesitan. Entendemos que, debido a la complejidad de estas enfermedades, el diagnóstico puede llevar años, un tiempo en el que muchos pacientes pueden sentirse incomprendidos y sin el apoyo que realmente necesitan.

La fibromialgia es una condición que causa un dolor crónico capaz de afectar de manera profunda la calidad de vida de quienes la sufren, provocando malestar en músculos y huesos, así como una fatiga abrumadora y problemas para dormir. A menudo, la apariencia exterior de las personas no nos permite percibir el intenso sufrimiento y el dolor constante que experimentan, lo cual lleva a que estas enfermedades sean conocidas como silenciosas.

Es fundamental reconocer que estas enfermedades silenciosas no son solo un desafío físico; también pueden llevar consigo una profunda carga emocional, impactando el bienestar general y las relaciones personales. La comprensión y el apoyo incondicional son esenciales para quienes enfrentan estas luchas, ofreciendo una valiosa sensación de validación en su travesía diaria.

Desde mi experiencia

Puedo afirmar que muchas personas que enfrentamos alguna o varias de estas enfermedades sentimos, a menudo, el peso del mundo en nuestros hombros. ¿Por qué sucede esto? A veces, la diferencia entre nuestra apariencia física y el sufrimiento que llevamos internamente puede hacernos sentir solos, desalentados y desesperados. Este sentimiento puede llevarnos a caer en un círculo de depresión. Quiero dejar algo muy claro: NO VIENE PRIMERO LA DEPRESIÓN Y LUEGO EL DOLOR; EN EL 90% DE LOS CASOS, ES EL DOLOR CONSTANTE Y LA LUCHA CON LO QUE NOS RODEA LO QUE NOS LLEVA A LA DEPRESIÓN. Por eso, hago un llamado a todos los que lean este artículo: seamos más empáticos, no juzguemos un libro por su portada, practiquemos la escucha activa, mostremos comprensión y cariño. Siempre digo: hoy puedo ser yo, pero mañana podrías ser tú.

Y a ti que estás pasando por esto, recuerda que es natural sentirte así; no te dejes afectar por comentarios de quienes no lo comprenden. Escucha a tu cuerpo, date el cariño y los cuidados que necesitas, y desde un lugar de calma y serenidad, comparte tus sentimientos. Porque si no te sientes bien contigo mismo, es difícil estarlo para los demás.

Si deseas compartir tu experiencia, aquí te escucharemos con total respeto; y si prefieres simplemente leer este blog, te agradezco sinceramente por tu presencia.❤️😘

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Mi nombre es Eli

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